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Discurso directo en el diálogo

#PalabrasClave

¿Has escuchado alguna vez hablar de discurso directo? ¿Qué crees que significa? Piensa ambos términos por separado. ¿Cuál es la definición de discurso? ¿Y de directo? Ahora únelos, ¿qué será un discurso directo?

Te ayudamos un poco...

¿Es lo mismo...?

  • Juan dijo que seguramente irá al cumpleaños de Florencia. 
  • Juan dijo: "Seguramente voy a ir al cumpleaños de Florencia"

¿Qué diferencias encuentras en estas dos oraciones? Tómate unos minutos para pensar con un compañero e intenta responder. Luego sigue leyendo. 

 

Discurso directo

Definamos en primer lugar qué entendemos por discurso. Constituye un enunciado o enunciados que una persona dice o escribe manifestando así lo que piensa, siente o quiere transmitir. 

Mientras que directo refiere a algo que se hace sin la intervención de intermediarios. 

Ahora, cuando hablamos de discurso directo, ¿a qué nos referimos? ¿Podemos decir que son los enunciados que alguien dice o escribe sin la intervención de intermediarios? 

El hablante utiliza la lengua para comunicarse y la convierte en discurso. Cuando se habla o se escribe, este discurso puede ser directo o indirecto. Es directo cuando la persona expresa sus propios pensamientos (empleando los pronombres "yo" o "nosotros") o también cuando otra persona hace referencia a expresiones de otro individuo de forma textual, es así que emplea comillas para encerrar lo dicho por ese sujeto y los dos puntos para indicar la intervención. 

Ejemplos: 

  • El entrenador dijo: "Tenemos que practicar mucho más para superar a nuestro rival"
  • Mi madre me recordó: "Debes tender la cama todas las mañanas"

 

Diálogo en el discurso directo

El diálogo es un discurso directo. Cada interlocutor se dirige al otro con un propósito:
informar, solicitar, saludar, preguntar… y espera una reacción inmediata del interlocutor,
directa y acorde a su propósito. Las personas implicadas son: yo o nosotros y vos, tú, o
ustedes, (vosotros en español peninsular).

 

     

    Discurso indirecto

    Es cuando se reproduce lo que otra persona dijo, pero sin usar sus palabras exactas. Se suele usar la conjunción «que»: «Fulano dijo que...»

    Ejemplos: 

    • El entrenador nos dijo que tenemos que practicar mucho más para superar a nuestro rival. 
    • Mi madre me recordó que debo tender la cama todas las mañanas. 

     

     

    Características de discurso directo y discurso indirecto

     

      DIRECTO INDIRECTO 
    Se repiten fielmente las palabras de otro. Se incluye lo que dijo otro, modificando las referencias del tiempo verbal y los pronombres. 

    Se identifica por el uso de comillas y rayas de diálogo. 

     

    El enunciador adapta a su discurso las palabras de otra voz. 
    El enunciador no se responsabiliza por el discurso del otro, aclara que esas palabras no le pertenecen.  Asume la responsabilidad de lo dicho por el otro. 
    Generalmente se indica la fuente (datos del lugar donde esas palabras fueron publicadas originalmente).  Sintácticamente, se usa la conjunción subordinante que para introducir la voz del otro: dijo que, preguntó que...
    Familia Cocinar Preparar Pan Galletas postre Mamá hija Hijo Conversación

    Discurso directo. 

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    Pie de foto: Discurso indirecto. 

    Lee el siguiente fragmento del cuento El camino que no iba a ninguna parte de Gianni Rodari

    Identifica en el mismo las oraciones que aparecen en estilo directo e indirecto. 

    Hoja Página Pergamino Fragmento Cuento El camino que no iba a ninguna parte

    ¿Lograste reconocer el discurso directo? ¿Y el indirecto?

    Observa la siguiente imagen donde se encuentra subrayado con rojo el estilo directo y con azul el indirecto

    Compara con lo que tú hiciste. 

    Hoja Página Pergamino Fragmento Cuento El camino que no iba a ninguna parte

    Mira lo que sucede en este fragmento del mismo cuento.

    Hoja Página Pergamino Fragmento Cuento

    En la cita textual aparece un apartado con la intervención del narrador, o sea, hay estilo indirecto. 

    Hoja Página Pergamino Fragmento Cuento

    Veamos los estilos observando el subrayado (rojo estilo directo y azul indirecto). 

    Te invitamos a que leas el cuento entero...

    El camino

    El  camino que no iba a ninguna parte

    A la salida del pueblo había tres caminos: uno iba hacia el mar, el segundo hacia la ciudad y el tercero no iba hacia ninguna parte.

    Martín lo sabía porque se lo había preguntado a casi todos, y todos le habían dado la misma respuesta:

    —¿Aquel camino? No va a ninguna parte. Es inútil ir por ahí.

    —¿Y hasta dónde llega?

    —No llega a ninguna parte.

    —Pero, entonces, ¿por qué lo hicieron?

    —No lo hizo nadie, siempre ha estado ahí.

    —Pero ¿no ha ido nunca nadie a ver adónde va?

    —Eres bastante testarudo: ¿no te digo que no va a ninguna parte?

    —Si no has ido nunca, no podés saberlo.

    Era tan obstinado que empezaron a llamarlo Martín Testarudo, pero él no se enfadaba y continuaba pensando en el camino que no iba a ninguna parte.

    Cuando fue lo bastante grande como para cruzar la calle sin tener que tomar la mano de su abuelito, una mañana se levantó muy temprano, salió del pueblo y sin dudarlo tomó por el misterioso camino, siempre adelante. El suelo estaba lleno de socavones y de hierbajos, pero por suerte no llovía desde hacía tiempo y por tanto no había charcos. A derecha y a izquierda del camino se extendía la maleza, y pronto comenzó el bosque. Las ramas de los árboles se entrecruzaban por encima del camino y formaban una galería oscura y fresca, en la que solamente penetraba, aquí y allá, algún rayo de sol que hacía las veces de fanal.

    Anda que te andarás, la galería no terminaba nunca, el camino no terminaba nunca; a Martín le dolían los pies y ya empezaba a pensar en regresar… cuando vio a un perro.

    «Donde hay un perro hay una casa —reflexionó Martín—, o, por lo menos, una persona.»

    El perro corrió a su encuentro meneando la cola y le lamió las manos; luego siguió por el camino, volviéndose a cada paso para ver si Martín aún le seguía.

    —Ya voy, ya voy —decía Martín, lleno de curiosidad.

    Finalmente, el bosque comenzó a clarear, el cielo reapareció en lo alto y el camino terminó en el umbral de una gran verja de hierro.

    A través de sus barrotes Martín vio un castillo con todas las puertas y ventanas completamente abiertas. El humo salía por todas las chimeneas, y, desde un balcón, una hermosísima dama le saludaba con la mano y le gritaba alegremente:

    —¡Adelante, adelante, Martín Testarudo!

    —Vaya —se dijo Martín muy contento—, yo no sabía que iba a llegar aquí, pero ella sí, por lo visto.

    Empujó la verja, atravesó el jardín y entró en el salón del castillo a tiempo para hacer una reverencia a la bella dama que descendía por la escalinata. Era hermosa e iba vestida incluso mejor que las hadas y que las princesas, y además era muy alegre y sonreía:

    —Entonces, ¿no te la creíste?

    —¿El qué?

    —La historia del camino que no iba a ninguna parte.

    —Era demasiado estúpida. Y según mi parecer, hay más partes que caminos.

    —Exacto, basta con tener ganas de andar. Ahora ven, te enseñaré el castillo.

    Había más de cien salones llenos de tesoros de todo género, como en aquellos castillos de los cuentos en los que duermen las bellas durmientes o en los que los avaros acumulan sus riquezas. Había diamantes, piedras preciosas, oro, plata, y a cada momento la hermosa dama decía:

    —Toma, toma lo que quieras. Te prestaré un carrito para llevar el peso.

    ¡Imagínate si iba a hacerse de rogar Martín! Cuando emprendió el regreso, el carrito estaba completamente lleno. El perrito, que estaba amaestrado, iba sentado delante y llevaba las riendas y les ladraba a los caballos cuando estos se adormilaban y se salían del camino.

    A su regreso, Martín Testarudo fue acogido con gran sorpresa en su pueblo, pues ya lo habían dado por perdido. El perro descargó en la plaza todos los tesoros, meneó dos veces la cola en señal de saludo, volvió a subirse al carrito y se marchó entre una nube de polvo. Martín hizo muchos regalos a todos, amigos y enemigos, y tuvo que explicar cien veces su aventura, y cada vez que terminaba de hacerlo, alguien corría a su casa a coger un carrito y un caballo y se precipitaba por el camino que no iba a ninguna parte.

    Pero aquella misma noche regresaron todos, uno tras otro, con la cara así de larga por el enfado: para ellos, el camino terminaba en medio del bosque, ante un espeso muro de árboles y entre un mar de espinas. No había ya ni verja de hierro ni castillo ni hermosa dama. Porque algunos tesoros solo existen para los primeros que emprenden un camino nuevo, y el primero había sido Martín Testarudo.

     

    Gianni Rodari
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      Campos, Alejandra; Ferrá, Catalina; Lepre, Carmen y Scapin, Mariana (2010). Lengua y Literatura 4 Primaria. Ideas en la cabeza. Santillana, 2010. 

      Lectópolis 4to. Santillana.  Cuento de Gianni Rodari El camino que no iba a ninguna parte. 

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