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#PalabrasClave
poesía
sentido literal
sentido figurado
recursos literarios
comparación
personificación
hipérbaton
anáfora
aliteración
metáfora
metonimia
¿Qué tipos de textos literarios conoces? ¿Puedes establecer semejanzas entre una mariposa y una flor o entre las estrellas y los focos?
Todos los días utilizas tu lengua con diversos fines: pedir algo, dar información, convencer a alguien de una idea o expresar tus sentimientos, por ello, resulta una herramienta indispensable para comunicarte con otras personas. No obstante, esa no es su única función, pues hay textos que la emplean para jugar con sus significados y producir gozo en quienes los leen.
Tu lengua, el español, es una herramienta necesaria para que te comuniques, gracias a ella puedes hablar con otras personas, nombrar aquello que te rodea y ordenar tus pensamientos. Además, desde hace siglos, el hombre ha desarrollado su capacidad para jugar con el lenguaje, a fin de crear textos con otras interpretaciones de la realidad. La poesía es un género literario que se caracteriza por el uso estético del lenguaje; esto es, emplea las palabras de manera distinta a como se hace comúnmente, ya que plantea un juego con la forma, el sonido o el significado de estas para transmitir placer en el lector.
Los poemas pueden tratar diversos temas y organizarse de acuerdo con la intención del poeta; sin embargo, poseen ciertas características que son necesarias para transmitir un discurso bello o que genere alguna impresión en su interlocutor. Dichas composiciones cuentan con una estructura básica y con ciertos elementos, como versos, estrofas, rima, ritmo y metro.
Ahora bien, es posible que los versos de un poema estén medidos, es decir, que cuenten con el mismo número de sílabas o que sean versos libres, sin una rima o una medida fija y con estrofas compuestas por una cantidad variable de versos.
Tu lengua es la herramienta con la cual nombras todo aquello que te rodea: objetos, ideas, conceptos, sentimientos, emociones, etcétera. La forma en que la utilizas no es la misma en el habla cotidiana que en la poesía; por ejemplo, si te pidieran que describas la Luna, posiblemente dirías que es el satélite de la Tierra, de superficie rocosa y muy brillante. En cambio, en un poema se presenta así: “La Luna es araña / de plata / que tiene su telaraña / en el río que la retrata”. Obviamente, la Luna no es un arácnido, sino que se está jugando con el sentido de las palabras.
Tal vez no lo hayas notado, pero el español es una lengua muy rica en expresiones coloquiales que poseen un sentido figurado, por ello, es probable que las hayas escuchado o incluso usado en diversas circunstancias; por ejemplo, cuando una persona dice que alguien “se fue a la villa”, para expresar que está lejos, o menciona “como Pedro por su casa”, para indicar que cierta persona ingresa con confianza.
El juego que propone todo poema saca al lenguaje de su uso común y generalmente se apoya en el sentido figurado: el Sol puede ser un foco en el firmamento o las estrellas los ojos del cielo. El sentido figurado se utiliza con la intención de exaltar o representar más detalladamente las características del objeto o la situación que se trata en el poema, como cuando el poeta quiere alabar la belleza de una mujer y compara los dientes con unas perlas o el oro con el color del cabello de la dama. Además, estas construcciones contribuyen a que la poesía evoque en quien la escribe y la lee diversos sentimientos e impresiones.
Los poetas se valen de ciertas herramientas para crear efectos del lenguaje, ya sea con la forma y el sonido de las palabras (ritmo, rima o métrica) o con su significado; para esto último utilizan recursos literarios, también conocidos como figuras literarias o retóricas, es decir, recursos poéticos que se apoyan en el sentido figurado para emplear el lenguaje de modo especial y producir un efecto en el lector.
Son mecanismos mediante los cuales se altera el uso habitual del lenguaje, con la intención de darle diversos significados que finalmente se reflejan en el sentido de una obra literaria. Hay muchas figuras retóricas, pero hay algunas que son sumamente comunes, a veces incluso de uso cotidiano.
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Metáfora: consiste en identificar un término real (aquello de lo que se habla) con uno imaginario y establecer entre ambos una relación de semejanza; por ejemplo, en la frase “El tiempo es oro” los conceptos se relacionan porque ambos son muy valiosos.
Comparación o símil: consiste en comparar un término real (de lo que se habla) con otro imaginario. Para ello, suelen usarse los adverbios “como”, “tal como”, “cual”, entre otros. Un ejemplo de esta figura es la oración “Anoche dormiste como un bebé”.
Reiteración o anáfora: consiste en la repetición de palabras al inicio de los versos o las estrofas. Hay un ejemplo de reiteración en un fragmento del poema “Vacaciones”, de Carlos Pellicer.
Metonimia: consiste en mencionar una idea o cosa con el nombre de otra, con la que tiene una relación de dependencia o de causa-efecto. Por ejemplo, en “Bebimos un vaso de agua”, se dice que se bebió un vaso, pero se entiende que se bebió el contenido.
Hipérbaton: Consiste en alterar el orden lógico y sintáctico de un enunciado o de un verso.
"Blanca huyó como un débil rayo"
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